Se
basa en la convicción de que el paciente
es experto en su enfermedad y debe ser el
protagonista de su cuidado.
El papel del profesional sanitario es mostrarle los
recursos existentes y acompañarle en la búsqueda,
hasta encontrar los que le sean más útiles
para que pueda estar bien controlado.
De ahí se deduce que es fundamental la implicación
activa del paciente (y en caso de niños pequeños,
su familia) en el control de la enfermedad.
Constantemente se comprueba que cuando el paciente
sabe cómo controlar el asma, la enfermedad
ya no le controla a él. |
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